Cuando una persona mayor necesita ayuda, su voz debe seguir teniendo un lugar. Como gerontóloga, insisto en distinguir dos cuestiones: necesitar apoyo para hacer algo y poder decidir cómo quiere vivir.
Autonomía no significa hacerlo todo sin ayuda
Una persona puede necesitar que la acompañen a comprar y seguir decidiendo qué quiere comer. Puede necesitar apoyo al vestirse y seguir eligiendo su ropa. La ayuda física no debería borrar sus preferencias.
Por eso, antes de organizar una rutina de cuidado, propongo preguntar: ¿qué desea esta persona?, ¿qué puede hacer?, ¿en qué necesita apoyo?, ¿cómo quiere recibirlo?
La prisa puede quitarnos la oportunidad de participar
En el cuidado cotidiano es fácil pensar: «Yo lo hago más rápido». A veces terminamos haciendo tareas que la persona podría realizar, total o parcialmente, si le ofreciéramos tiempo y un apoyo adecuado.
Imaginemos que una señora tarda en peinarse. En lugar de quitarle el peine, podemos preguntarle si quiere ayuda y ofrecerle un espejo que le resulte cómodo. Si necesita apoyo en una parte de la tarea, acompañamos esa parte.
Pequeñas decisiones que siguen siendo suyas
- Preguntar qué ropa desea ponerse y ofrecer opciones reales.
- Acordar los horarios en la medida de lo posible, en lugar de imponerlos por comodidad.
- Hablar directamente con la persona, también cuando hay familiares presentes.
- Explicar qué vamos a hacer antes de tocarla o ayudarla.
- Respetar que una actividad que nos gusta a nosotros puede no interesarle a ella.
¿Y si existen dificultades para expresar una decisión?
Podemos adaptar la comunicación: una pregunta cada vez, palabras claras, tiempo para responder y opciones que la persona pueda comprender. Conviene conocer sus formas de expresar aceptación, rechazo, bienestar o incomodidad.
Cuando una situación es compleja, la familia y los profesionales deben buscar los apoyos adecuados. La dificultad para comunicarse no justifica dejar de escuchar.
La familia también necesita acompañamiento
Respetar decisiones puede generar dudas y desacuerdos. Recomiendo hablar de situaciones concretas: qué preocupa, qué quiere la persona y qué apoyos pueden facilitar su participación. Buscar seguridad y escuchar sus preferencias forman parte de la misma conversación.
Mi propuesta es sencilla de expresar y exige atención al ponerla en práctica: ayudar lo necesario, escuchar siempre y revisar los apoyos cuando cambian las necesidades.
¿Qué decisión podrías devolver hoy a la persona que acompañas?
Leidy Lorena Sánchez Duque · Gerontóloga y coach · GerontoCoach