Elegir un apoyo empieza por escuchar a la persona
Cuando una familia empieza a buscar ayuda para una persona mayor, suele preguntar: «¿Necesitamos a alguien que la cuide o a alguien que la acompañe?». Como gerontóloga, considero que la primera pregunta debe ser otra: ¿qué necesita y qué desea esa persona?
La ayuda a domicilio y el acompañamiento pueden complementarse. Para elegir conviene explicar las tareas concretas y escuchar a quien va a recibir el apoyo.
¿Qué entiendo por ayuda a domicilio?
Es un apoyo en las actividades cotidianas que la persona necesita realizar: el aseo, el vestido, la alimentación o el desplazamiento por su hogar, según sus necesidades y la preparación del profesional. El contenido del servicio debe acordarse y revisarse.
En el enfoque que promuevo en GerontoCoach, las tareas del entorno están vinculadas a la atención de la persona: hacer su cama, ordenar su habitación, dejar el baño utilizado en condiciones adecuadas o recoger los platos de su comida. Es importante explicar estos límites desde el principio. No debe confundirse este apoyo con la limpieza general de toda la vivienda.
¿Qué aporta el acompañamiento?
El acompañamiento pone el énfasis en la presencia, la conversación y la participación en actividades significativas. Puede ser compartir un té, salir a pasear, leer juntos o acompañar a una actividad del barrio, teniendo en cuenta las preferencias y los apoyos necesarios.
Compartir tiempo no consiste en imponer entretenimiento. Antes de organizar una actividad, pregunto qué le gusta a la persona, cómo quiere pasar su tiempo y con quién desea compartirlo.
Ayudar sin sustituir lo que todavía puede hacer
Si una persona puede elegir su ropa, lavarse una parte del cuerpo o preparar algo sencillo con apoyo, conviene darle espacio para participar. Hacerlo todo por ella puede quitarle oportunidades de seguir utilizando sus capacidades.
Por ejemplo, al vestirse, una persona puede necesitar ayuda con los botones y seguir eligiendo la ropa y colocándose las mangas. El apoyo se ajusta a esa tarea concreta, sin asumir que necesita que otra persona decida y haga todo.
Cuatro preguntas antes de contratar
- ¿Qué quiere la persona mayor y qué dificultades encuentra en su día a día?
- ¿Qué tareas se incluyen y cuáles quedan fuera del servicio?
- ¿Qué preparación necesita quien va a prestar el apoyo?
- ¿Cómo revisaremos si este acompañamiento sigue respondiendo a sus necesidades?
Los nombres y el alcance de estos servicios varían entre países y entidades. Por eso recomiendo pedir siempre una descripción clara de las tareas acordadas.
Mi mirada como gerontóloga
Una buena ayuda reconoce tanto las necesidades como las capacidades. Para mí, cuidar también es preguntar, esperar y permitir que la persona siga participando en su propia vida.
¿En tu familia habéis hablado con la persona mayor sobre el apoyo que le gustaría recibir?
Leidy Lorena Sánchez Duque · Gerontóloga y coach · GerontoCoach
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